Me aterra lo rápido que pasa el tiempo

 


Han pasado 27 años de mi vida, ¿pocos, muchos? No lo sé. Es relativo. Pero me abruma, me abruma mucho el tiempo. Me aterra lo rápido que pasa y lo rápido que el tiempo hace que cambien las cosas. El paso del tiempo hace que las cosas y la gente puedan tener todo el valor del mundo o hacerlas parecer insignificantes. 

Un año dura lo que una semana y una semana dura un día, ¿cuánto de verdad podemos recordar si la medida de nuestro tiempo es así de breve? Quizá por eso mi generación se vuelca a grabar y documentar todo mediante historias, posts, recaps al final de año, porque tenemos la seguridad de que nada es seguro, que todo se desvanece y nuestros recuerdos poco duran en nuestra memoria. Es aún más doloroso perder lo que no recordarmos. De alguna manera la exposición continúa en redes sociales nos ayuda a no pasar desapercibidos por el mundo y a darle significado.  

Ayer veía en la story de Instagram de una amiga el recuerdo de una reunión que mantuvimos en su casa donde hace un par de años se encontraban su pareja y  Martha a quien conocí esa noche. Me invadió la nostalgia al ver que eramos otros,  nuestros rostros lucían diferentes, nuestros cuerpos habían cambiado y las circunstancias de la vida nos habían dado experiencias más ricas, más placenteras y otras un tanto dolorosas. Ese recuerdo me reveló una nostalgia que me hizo cuestionar todo y comprender que al crecer el tiempo aumenta su valor porque avanza sin esperar a nadie, te das cuenta que es escaso, que se  agota, se vuelve notorio su fin, su limite y entonces te preguntas, ¿qué coño has estado haciendo todo este tiempo?

Y entonces quieres vivirlo todo o no vivir nada. Quieres sentirlo todo o no sentir nada. Quieres comerte el mundo o quedarte cómodo en tu cama porque sientes que el mundo es muy grande y tú muy pequeño. Deseas amar pero tu corazón está roto y la promesa de un mejor futuro se desvanece que se vuelve una mentira que nos escupen a diario en la cara con frases colmadas de buenas intenciones pero vacías y sin consecuencia como aquella que dice que todo estará bien, que hay que vivir un día a la vez, que no hay mal que por bien no venga, que hay que echarle más ganas y otras boludeces así. 

El miedo es el enemigo más grande que me visita con frecuencia y su espada es el paso implacable del tiempo. ¿Qué tan frecuente es este sentimiento en los demás? Sí es tan común entonces ¿por qué no se habla tan abiertamente de lo jodido que es el hecho de que todo avance y cambie una y otra vez a tu alrededor pero tú no. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Otras formas de estar presente

¿Como inicia una relación abierta? Dudas sobre el amor no convencional.